Visitas Naturaleza y espacios al aire libre en Florida

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Visitas Naturaleza y espacios al aire libre en Florida

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Al aire libre en el sur de Florida significa agua y humedal; las colinas no llegan nunca. Una hora al oeste de Miami empiezan los Everglades: una marisma de agua dulce con sesenta millas de anchura, tan poco profunda que se puede vadear, que avanza hacia el sur tan despacio que la corriente no se ve, y con los caimanes, las garzas, las aningas y las tortugas que todo el mundo viene a ver. El hidrodeslizador funciona aquí porque no lo hace ninguna otra cosa: un casco plano y un ventilador cruzan un agua de unas pocas pulgadas y una hierba que destrozaría cualquier hélice. Al sur del continente los Cayos se adentran en el mar por una única carretera, con la única barrera de coral viva de los Estados Unidos continentales unas millas al este. Entre medias queda la bahía de Biscayne, resguardada y plana, por donde salen los barcos de Miami.

Los días se ordenan por distancia. La bahía es el corto: un par de horas entre las mansiones de las islas, un catamarán a vela con motos de agua, o una combinación de autobús y barco que mete ciudad y agua en la misma tarde. La marisma es el de media jornada: hidrodeslizador, el foso de los caimanes y de vuelta para comer. Los Cayos son el largo: esnórquel sobre el arrecife, delfines en Islamorada, el punto más al sur del país al final, y de catorce a dieciséis horas de puerta a puerta. Quien quiera los tres se lleva un paquete.

Práctico. De noviembre a abril es la mitad seca del año, cuando el agua baja y la fauna se concentra en lo que queda; esa es la ventana con la que hay que contar. El verano es caluroso, mojado y cae dentro de la temporada de tormentas, y el chaparrón de la tarde es cita fija y no accidente: además saca los barcos del agua: en ningún rincón del país caen más rayos. Aquí fuera nada da sombra: el sombrero, las gafas de sol y la crema ganan a un chubasquero. Los hidrodeslizadores son ruidosos y dan tapones para los oídos; las salidas al arrecife se cancelan por viento, casi siempre esa misma mañana, y quien se maree hará bien en tomar algo antes de embarcar. A patrones y guías se les deja propina por cabeza, y las primeras salidas son las mejores: agua más tranquila, más fauna y menos barcos.

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