Visitas guiadas en Sevilla

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Sevilla está a 80 kilómetros del mar y aun así hizo su fortuna con barcos. Todo lo que llegaba de América se registró aquí durante dos siglos. Ese dinero pagó lo que hoy se pisa.

Tres edificios y una plaza

La catedral, el palacio real y el archivo del comercio ocupan una sola manzana, y los tres figuran en la lista de la UNESCO. Por fuera se ven en una hora. Por dentro es otro día.

  • La catedral. La mayor iglesia gótica del mundo por volumen, con Colón en un sepulcro sostenido por cuatro portadores.
  • La Giralda. Su campanario, y antes de eso un alminar terminado en 1198. Rampas en vez de escaleras, hechas para poder subir a caballo.
  • El Real Alcázar. Un palacio real en uso, con obra mudéjar sobre gótica y jardines que llevan más tiempo que las salas.
  • La plaza de España. Un semicírculo de ladrillo y azulejo levantado para la exposición de 1929, con canal y barcas de remos.
  • Las Setas. Una celosía de madera sobre el mercado de la Encarnación, terminada en 2011, con ruinas romanas en el sótano.

Al otro lado del río

Triana ocupa la orilla de enfrente y se piensa aparte. De allí salieron los azulejos que cubren media ciudad. Las rutas gastronómicas arrancan en su mercado, levantado sobre un viejo castillo.

El flamenco aquí viene en dos formas, y no son la misma noche. Un tablao es un espectáculo con entrada. Una peña es un club de socios donde las cosas empiezan tarde y nadie explica nada.

Suelo romano y reinos de alquiler

Itálica queda nueve kilómetros al norte, fundada en el 206 a.C. y cuna del emperador Trajano. Su anfiteatro tenía aforo para 25.000 personas. La televisión lo usó como foso de los dragones y el Alcázar como Dorne, lo que trae a sus propios visitantes.

Práctico

  • El calor es el dato principal. Julio y agosto pasan de 40C con regularidad. Se visita antes del mediodía y a partir de las siete, y el centro del día se pasa a cubierto.
  • Dos semanas que condicionan el calendario. La Semana Santa y la Feria de Abril llenan todas las camas y cortan calles al tráfico. Los precios casi se doblan.
  • Entradas del Alcázar. Con hora asignada, y agotadas con días de antelación en primavera.
  • Moverse. El centro se anda. La ciudad tiene además bicicleta pública sobre calles llanas, algo más raro en España de lo que parece.
  • Clases de cocina. Casi todas enseñan paella, sangría y tapas a la vez, que es un menú de turistas y no uno sevillano. Las rutas por el mercado de Triana son la mitad más local del negocio.
  • Precios. Una tapa vale de tres a cuatro euros de pie en la barra; una cena sentada, unos veinticinco.
  • Naranjos. La fruta de las calles es amarga y acaba en mermelada. No merece la pena.

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