Visitas guiadas en Estrasburgo

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Estrasburgo está sobre una isla del Ill, y la isla es la ciudad: la Grande Île sostiene todo el centro histórico y la declaración de la Unesco que lo acompaña. La catedral es el hito: arenisca rosa, una sola aguja asimétrica que fue el edificio más alto del mundo durante más de dos siglos, y un reloj astronómico que saca su procesión de apóstoles todos los días a las doce y media. Al oeste queda la Petite France, el viejo barrio de curtidores y molineros, todo hastiales de entramado inclinados sobre canales y esclusas. La otra Estrasburgo está a un tranvía hacia el norte: el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa y el Tribunal de Derechos Humanos, un distrito de vidrio y banderas que la ciudad lleva desde 1949.

El centro se camina, y es lo bastante pequeño como para que un par de horas cubran la catedral, la Petite France y los puentes cubiertos. Las rutas autoguiadas por el móvil hacen exactamente eso por lo que cuesta un café y dejan parar cuando uno quiera. Los paseos en barco por el Ill rodean la isla y pasan por el barrio europeo en unos setenta minutos. La cocina alsaciana es motivo suficiente para estar aquí: tarte flambée, choucroute, baeckeoffe y los vinos blancos de la ruta que baja por Obernai, Riquewihr y Colmar, a una hora y fácilmente un día entero. Alemania está cruzando el puente, lo bastante cerca como para que la Selva Negra sea una tarde.

Datos prácticos. La fecha que lo reordena todo es el mercado de Navidad, de finales de noviembre a Nochebuena: es el más antiguo de Francia, data de 1570, atrae a dos millones de visitantes y hace que los precios de los hoteles se dupliquen mientras las habitaciones desaparecen con meses de antelación. Fuera de eso, el invierno es frío y húmedo, el verano es cálido y la primavera en la ruta del vino es el placer tranquilo. El centro es peatonal y el tranvía es rápido y barato; la lanzadera del aeropuerto son veinte minutos en tren. Una copa de riesling cuesta cuatro euros, una tarte flambée diez, un menú de mediodía quince. El servicio va incluido y la propina es redondear. Conviene saber que muchos restaurantes cierran entre la comida y las siete, lo que pilla a más de un visitante.

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